
Cómo usar un gimnasio Montessori para bebés
Desde cuándo se usa, qué objetos colgar, cuántos y hasta qué edad tiene sentido. Una guía para acompañar cada etapa, porque el gimnasio cambia junto con el bebé.
Compraste un gimnasio Montessori o se lo regalaron a tu bebé. Lo armás, elegís qué colgar y enseguida aparecen las primeras dudas. ¿Conviene usarlo desde el nacimiento? ¿Qué objetos van primero? ¿Hasta qué edad tiene sentido?
La forma de usarlo va cambiando junto con el bebé.
Primero observa los objetos que tiene delante. Unas semanas después empieza a buscarlos con las manos y los pies. Más adelante descubre que puede moverlos y el movimiento deja de depender del azar para empezar a depender de él.
Cuando entendemos qué está explorando en cada etapa, resulta mucho más sencillo saber qué presentar y cuándo hacerlo.
¿Se puede usar desde el nacimiento?
Cuando un bebé nace, todavía no intenta alcanzar los objetos que tiene delante. Gran parte de su tiempo despierto transcurre observando. Sigue contrastes, registra movimientos y va organizando toda la información visual que recibe por primera vez.
Durante las primeras semanas recomendamos colgar un único móvil visual.
Dentro de la secuencia Montessori, el primer móvil es el Móvil Munari. Más adelante aparecen el Octaedros y el Gobbi, acompañando los cambios que va teniendo la visión durante los primeros meses.
Recomendamos colocarlo aproximadamente a 20 o 30 centímetros de los ojos del bebé, ligeramente por delante de su campo visual y no exactamente sobre su cabeza. Desde esa posición puede seguir el movimiento con comodidad, sin tener que mirar completamente hacia arriba.
Si querés conocer por qué se presentan en ese orden y qué observa el bebé con cada uno, podés leer la nota sobre los móviles Montessori y cuándo presentar cada uno.
En esta etapa un solo móvil alcanza. Ese mismo objeto puede acompañarlo durante varios días mientras descubre nuevas formas de observarlo.
Llega un momento en que quiere participar
Después de varias semanas mirando los objetos suspendidos sobre él, mientras observa el móvil, levanta un brazo intentando acercarse. Todavía no coordina bien el movimiento y casi nunca llega en el primer intento. Cambia un poco la posición del cuerpo, vuelve a probar y, después de varios intentos, alcanza a rozarlo con los dedos.
El objeto se mueve.
El bebé vuelve a buscarlo.
Ahora empieza a interesarse por aquello que puede hacer con sus propias manos y con sus propios pies.
Alrededor de los tres meses reemplazamos el móvil visual por materiales que pueda tocar. Un aro de madera, una campanita suave o una Pelota Sensorial de Gajos responden mucho mejor a lo que el bebé está explorando en este momento. La pelota de gajos viene con un lazo para colgarla del barral, a una altura en la que el bebé pueda alcanzarla con las manos o patearla con los pies, y descubrir que es su propio movimiento el que la hace balancearse.
Si querés entender mejor todo lo que empieza a pasar alrededor de esta edad, también podés leer nuestra nota sobre juguetes para bebés de 3 meses.
Los colgantes encuentran su momento
Cuando el gimnasio llega a casa dan ganas de colgar todos los materiales juntos. Es lógico. Ya vienen preparados y es difícil elegir solo uno.
En Kuma los incorporamos de a uno. Cada material encuentra su momento.
Durante las primeras semanas empezamos con un único móvil visual. Cuando el bebé comienza a buscar los objetos con las manos, lo reemplazamos por un colgante pensado para que pueda tocarlo. Más adelante, si aparece interés por nuevas experiencias, incorporamos un segundo material.
No seguimos un calendario. Miramos al bebé. Cuando un material ya forma parte de su exploración cotidiana y empieza a aparecer interés por otra experiencia, hacemos el cambio.
Nuestro gimnasio incluye distintos colgantes que podés ir incorporando a medida que el bebé crece: estrellas y lunas de madera, pelotas de macramé, una nube de algodón y, en algunos modelos, un pequeño cascabel.
Cada uno ofrece una experiencia diferente. La madera tiene peso, textura y temperatura. El macramé propone otro tipo de agarre y nuevas sensaciones para explorar con las manos y con la boca. La nube de algodón responde de una manera diferente cuando el bebé la toca y el cascabel incorpora un sonido que aparece cuando él mismo logra mover el objeto.
Además de estos colgantes, hay una propuesta que usamos mucho en Kuma y que suele gustar especialmente durante esta etapa.
Nos gusta pasar los pañuelos de gasa de la Pelota Sensorial con Telas por el barral del gimnasio y dejar que caigan suavemente hacia ambos lados.
Con el movimiento del aire se balancean suavemente y la luz atraviesa las telas creando transparencias y colores diferentes a lo largo del día.
Primero llaman la atención por su movimiento. Unas semanas más tarde suelen convertirse en uno de los primeros objetos que el bebé intenta alcanzar.
Es una propuesta muy simple que sigue funcionando mientras el bebé va cambiando.
¿Dónde conviene poner el gimnasio?
El lugar donde armamos el gimnasio también forma parte de la experiencia.
Nosotros recomendamos apoyarlo sobre una colchoneta firme, en un espacio tranquilo donde el bebé pueda moverse con libertad y la familia también pase tiempo. No hace falta preparar un cuarto especial. Un rincón del living suele funcionar muy bien porque le permite observar el movimiento cotidiano de la casa sin quedar rodeado de estímulos desde todos los frentes.
Nuestro gimnasio se arma con cuatro roscas de madera, por lo que resulta muy fácil moverlo de un ambiente a otro cuando hace falta o guardarlo después de usarlo.
Si estás preparando ese espacio por primera vez, en esta nota contamos con más detalle cómo armar un ambiente nido Montessori.
¿Hasta cuándo se usa un gimnasio Montessori?
El gimnasio suele acompañar al bebé hasta que empieza a desplazarse por sus propios medios, generalmente alrededor de los seis meses.
Antes de que eso ocurra suele aparecer otro uso que muchas familias no esperan.
Los colgantes siguen despertando interés, pero ahora también empiezan a llamar su atención los barrales del propio gimnasio. Los agarra, los empuja con los pies, mueve toda la estructura e intenta incorporarse apoyándose sobre ella.
Poco después, rodar, girar y desplazarse por el piso empiezan a ocupar la mayor parte de sus momentos de juego. El gimnasio va quedando naturalmente en un segundo plano porque ahora puede acercarse por sus propios medios a todo aquello que quiere explorar.
Es una etapa en la que el movimiento cobra cada vez más protagonismo. Si querés acompañar ese momento, en esta nota hablamos sobre el Tummy Time.
También importa la estructura
Durante varios meses el gimnasio forma parte del ambiente del bebé. Lo mira, lo toca, mueve los colgantes y, cuando empieza a explorar con la boca, también descubre los materiales con los que está hecho.
Nuestro modelo está fabricado en madera de haya, una madera muy utilizada en juguetes infantiles por su resistencia, su superficie lisa y su textura natural. La madera de haya tiene una textura muy agradable al tacto y ofrece una experiencia muy distinta a la del plástico cuando el bebé empieza a explorar con la boca.
Todos los bordes son redondeados para acompañar esta etapa con mayor seguridad y el armado se resuelve con cuatro roscas de madera. En pocos minutos queda listo para usar y, cuando hace falta, puede desarmarse con la misma facilidad para cambiarlo de ambiente o guardarlo.
Para terminar
Un gimnasio Montessori acompaña varias etapas del desarrollo.
Primero ofrece un lugar para observar. Después aparecen los primeros intentos de alcanzar un objeto, los movimientos cada vez más precisos y los primeros agarres. Más adelante el piso empieza a ofrecer nuevos desafíos y el gimnasio deja lugar a otra forma de explorar.
El gimnasio sigue siendo el mismo.
Quien cambia todos los días es el bebé.
Y entender esos cambios es, probablemente, la mejor manera de aprovecharlo.
¿Querés seguir explorando?
Unite a la Comunidad Kuma y recibí notas como esta.